Uclés en Girona
En el que hablo de periodismo sin meterme en demasiados líos. Porque todo el mundo tiene razón y todo el mundo se equivoca.
No conocería a David Uclés si no fuese por las polémicas. Me paso tanto tiempo leyendo y escribiendo de mis labores que, al llegar a la cama, no consigo hacer bajar la montaña de libros pendientes. Me aturulla la presbicia y me complace más dedicar esos minutos a cualquier otra cosa. Leo mucha más ficción cuando se alargan los días y empezamos a enlazar la piscina y las vacaciones. Es más fácil hacerlo con la cabeza despejada y toda la luz del mundo.
Así las cosas, rara vez dedico tiempo a autores españoles recientes que no se dediquen al cómic. En parte, porque en un mundo que tiende a lo posgénero, en España se sigue cultivando mucha novela negra, thriller o histórica. Y apenas consumo ese tipo de cosas. Me encanta leer a John Tones hacer cosas de terror, o a David Lorao explorar el western, pero no me recomendáis tantas cosas interesantes (muy abierto a ideas). En todo caso, es injusto culpar a la escasez de oferta cuando tengo esperando desde hace años ‘La piel fría’, de Sánchez Piñol, y a gente como Cotrina. Ni siquiera me he comprado todavía ‘This Body’s Not Big Enough for Both of Us’, de Edgar Cantero. Simplemente, no me da.
Pero claro, llegó la polémica y me enteré de que existía Uclés, de que llevaba boina y de que se había convertido en una figura controvertida por haberse bajado de unas jornadas sobre la Guerra Civil tras confirmarse la presencia de Aznar y Espinosa de los Monteros. Eso, inmediatamente, lo convirtió en una figura de “los unos” vs “los otros”. De este modo, el éxito literario se convirtió en “personaje de la polarización”. Y sí, os adelanto que a mi juicio esto hace que haya dejado de ser un personaje exclusivamente literario, y que abre el paso a que se le pregunte por cuestiones extraliterarias. Si le conozco únicamente por la polémica, mal haría cualquier periodista en no preguntarle por ésta.
Disclaimer: Me consta que al escribir sobre esto contribuyo a la polémica. Pero intentaré mantener toda la ecuanimidad posible, porque no tengo elementos de juicio suficientes como para ponerme de un lado o del otro.
Dicho esto, vayamos paso a paso.
Entrevista taquicárdica
Me enteré de la entrevista de Uclés en el Diari de Girona, y de la “pugna” con el periodista Albert Soler, por redes sociales. Así tuve la suerte de empezar con la entrevista propiamente dicha. O, mejor dicho, con la transcripción de cómo se produjo la interrupción de la entrevista. No hubo teléfono escacharrado.
Después, esta historia se ha publicado en varios sitios. En algunos, de manera bastante neutral. En otros, de forma razonablemente parcial hacia Uclés. Luz Sánchez-Mellado dijo en Twitter, sin mencionar la polémica pero refiriéndose claramente a ella, que “a un entrevistado se le respeta siempre aunque te repatee”. También las hay (varias) que ponen a Uclés de “personaje ridículo” o llegan a hablar de “rabieta”. O que consideran que Albert Soler dio una “lección de periodismo” al autor.
Si no pensáis entrar en esta madriguera de gusano, os la resumo: El periodista Albert Soler hizo varias preguntas a Uclés, éste se agobió y huyó al excusado. A su regreso, informó a su interlocutor de que había sufrido taquicardias y arritmias, lamentó el sesgo de las preguntas y se fue, interrumpiendo la entrevista y comprometiéndose a responder a las preguntas por escrito. El periodista se niega y transcribe tal cual la incómoda situación.
Tengo claro qué habria hecho yo, pero ya no ejerzo. Lo que sí puedo hacer es comentar la jugada y soltar algunas lecciones idiotas que puedan serviros de algo a vosotros y a cualquier persona que vaya a ser entrevistada por alguien en el futuro.
Quede claro que, antes de la entrevista, Soler había manifestado por escrito y con claridad su opinión sobre Uclés y la izquierda a la que el periodista cree que representa. Después de leer dicho artículo, creo que había elementos suficientes como para que quien organizase el encuentro explicase al autor con quién iba a encontrarse. No tengo ni idea de en qué condiciones se planificó el encuentro y estoy seguro de que todo el mundo tenía muchas cosas que hacer. Pero me extrañaría que un responsable de comunicación de la editorial no hubiese informado al autor, con cierto margen, de lo que podría ocurrir.
¿Tan grande es ya Uclés que va a las entrevistas a calzón quitado y sin preocuparse de quién es su interlocutor? ¿Es como Harrison Ford? ¿O, por el contrario, es tan pequeño que tiene una exposición gigantesca, pero nadie le ayuda en la preparación de estas cosas? En todo caso, veamos algunas citas del artículo previo, para defender el argumento de que Uclés podía haberse preparado mejor.
“David Uclés es un tipo con boina que escribe libros. Hasta aquí, nada que objetar, Josep Pla también escribía al amparo de una boina, aunque esta de verdad y no de hípster, la desgracia para Uclés es que se parece a Pla solo en la boina y no en lo que está justo debajo de ella. Quiere decirse que usar boina no es malo, lo malo es tener la cabeza únicamente para sostenerla, que es lo que parece sucederle al flamante Premio Nadal”.
“Los intelectuales como David Uclés visten de ocre o de azul Prusia donde los demás vamos en calzoncillos o en pijama, véase que hasta para quedarse en casa haciendo el perro hay clases”.
“Uclés es joven, demasiado joven, (...) de ahí, sobre todo, que haya renunciado a participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil porque no le gustaban algunos de los ponentes”
“Uclés es de una generación que reclama en la universidad ‘espacios seguros’ en los cuales no se pronuncie ni una sola palabra que les incomode, que propugna que se eliminen del lenguaje expresiones que puedan ofender a quien sea, y que exige que no esté permitido expresar una opinión si esta no coincide con lo políticamente correcto. Es lógico que solo quiera participar en jornadas donde todos sean como él, a poder ser con boina y todo”.
“Hubo un tiempo en que los intelectuales de izquierdas no solo no rehusaban el combate ideológico con sus oponentes, sino que lo buscaban. Uclés, en cambio, es el perfecto ejemplo del nuevo izquierdismo que tanto daño está haciendo a la auténtica izquierda: el de quien, por cobardía o -más probablemente- por incapacidad, prefiere esconder la cabeza bajo la boina”.
Buscaba tantas citas interesantes que casi os lo he transcrito entero. Porque es durísimo en casi cada palabra. Lo que menos le compro es lo de la juventud. Uclés tiene 36 años. Difícilmente es tan bisoño como nos cuenta.
¿Cómo no suponer que Soler iba a preguntarle por Pla? ¿O por la polémica de la Guerra Civil? Era OBVIO que el periodista iba a tirar por ahí.
Tras la arritmia y la taquicardia, dijo Uclés:
“Estoy superincómodo, es la entrevista más incómoda de las setenta que me han realizado. Todas las preguntas son pan, pan, pan, pan. Todas son balas, son todas las polémicas ordenadas, como salvas. [La editora intenta hacerle entender que son preguntas de contraportada] ¿Qué hace un autor cuando no está cómodo con la entrevista? Tiene que terminarla.
Tengo una arritmia y he tenido dos taquicardias cuando he ido al baño. No es broma, se lo juro. He dado más de 700 entrevistas, he estado en todos los medios, pero esto es una batería indecente en la que las respuestas ya están aquí. Estoy nervioso. Esta entrevista no es literaria”.
¿Por qué hubiese sido tan importante que Uclés hubiese leído el artículo publicado por Soler en enero sobre él, si no lo hizo? Porque habría sabido de antemano que el periodista le consideraba un flojo y al menos habría hecho algo por no parecer un flojo. Es como si Ábalos le ofreciese un soborno al juez que instruye su caso. Bad idea.
También me parece que hay una incomprensión sobre lo que son las portadas de contraportada. No son entrevistas literarias. En suma, Uclés no sabía ni con quién iba ni a qué.
No creo, quede claro, que su reacción sea “mala”. Porque no conozco a Uclés. No sé si tiene problemas de ansiedad o si tiene tiene alguna neurodivergencia. Incluso me parece que en periodismo cultural uno recibe muchos más masajes que en otras cosas y que eso es bueno. No te da “calle”, pero se gana bastante poco con estas cosas como para, además, hincharse a ostiar a los autores por los loles. Me consta, después de años como entrevistador, que una exposición pública constante puede afectar a las personas con ansiedad social y me niego a juzgarle por eso.
Simplemente creo que todo le pilla por sorpresa y que justo eso hubiese podido evitarse. Que el propio Uclés no tenga claro que ya no es sólo un autor, sino una persona que ya está en otros debates extraliterarios, me parece raro. Pero, si es un error, es uno corregible: antes de las entrevistas se pueden fijar condiciones, desde el embargo hasta el control de temas. Si éstas no se aceptan, no pasa nada y la entrevista no se hace. Si se aceptan y no se cumplen, no vuelves a entrevistar a nadie de la editorial. No soy nada fan de estas cosas, pero la alternativa es la que hemos visto. Y es legítimo: el debate público no tiene que coincidir con el circuito promocional de un autor.
El periodista, tras la polémica, incluso publicó un artículo sobre su propia percepción de lo sucedido. Su énfasis en manifestar que Uclés necesitaba un regazo en el que alojarse profundizaba en la idea de que el zagal es, básicamente, un copito de nieve incapaz de hacerle frente. Generó una profecía autocumplida que hubiese podido evitarse.
¿Habría hecho yo lo mismo que el periodista cuando ejercía? Creo que podría haberle hecho preguntas muy parecidas. Aunque la de Pérez Reverte está mal. Uclés no dejó de asistir a las jornadas por su colega, le dejó tirado por la presencia de otros individuos con cuyo credo comulga poco. O nada.
Y, desde luego, la entrevista ha dado muchos más clics a su medio que cualquier cosa que hubiese querido responder después Uclés.
Me voy a ahorrar, eso sí, la reflexión sobre cómo, en ocasiones, pueda parecer que haya periodistas culturales que tienen aspiraciones literarias frustradas que tienen especial manía a gente joven con éxito y aprovechan cada oportunidad que se les presenta para sacar a pasear la picota. Porque ignoro de verdad si hay algo de esto. No conozco al periodista de nada, así que no voy a hacer juicios de valor sobre lo que quería o no hacer.
Pero no dejo de pensar en algo que dijo el otro día Jack White, que encaja bastante con la anécdota de la que os he hablado, y que voy a dejar como colofón a este texto. Os animo a compartir conmigo vuestra opinión por cualquier medio disponible. Que vienen a ser todos.
Publico esto durante un día y luego lo retiraré, solo para dejar esto zanjado:
No dije que piense que la música de Taylor Swift sea “aburrida” ni nada de lo que el clickbait de internet esté intentando montar.
Lo que intentaba decir en una entrevista que hice sobre poesía y escritura de letras es que a mí no me resulta interesante escribir sobre mí mismo en mis propias letras o en mi poesía, porque creo que para mí podría resultar repetitivo escribir siempre sobre eso, y podría ser poco interesante para la gente que escucha mi música profundizar en ello. Los personajes imaginarios me resultan más atractivos como escritor.
Taylor y otros cantantes han tenido un éxito enorme escribiendo en sus propios estilos, y me alegra mucho por ellos que hayan conseguido conectar con tantos amantes de la música a su manera.
El hecho de que yo diga que tengo una forma de hacer las cosas no significa que piense que todo el mundo deba hacerlo igual. Deben hacer lo que funcione para ellos. Y lo hacen, y obviamente eso resulta atractivo para mucha gente, y me alegra oírlo.
Estos son los momentos en los que cada vez me interesa menos conceder entrevistas, porque en esta era de demanda masiva de clickbait y contenido, cualquier pequeño fragmento de algo interesante o fuera de lo común puede ser removido y convertido en drama y lanzado como cebo. Eso hace que no quiera responder preguntas con ningún tipo de romanticismo, pasión o reflexión, porque estoy demasiado ocupado preocupándome por activar accidentalmente tonterías como esta por parte de los llamados “periodistas” y “editores”.
Esto siempre ha sido un problema, porque anima a los artistas a dar respuestas “seguras” a cualquier pregunta y sofoca la visión artística y la imaginación, empujándonos a todos a no compartir nada interesante, que era precisamente uno de los puntos que mencioné sobre mantener privadas las cosas privadas en esa misma entrevista.
Pero bueno, contenido.
Jack White III
Bola extra
Por algún motivo, yo asumía que Uclés se había ido de la entrevista. El propio periodista lo negó en RRSS de forma taxativa.




