El triste final de Laura
En el que os ilustramos sobre nuevas costumbres adolescentes y os explicamos por qué el gran nombre de los ochenta y de los noventa corre peligro.
Laura no está. Laura se fue. Laura se escapa de mi vida.
NEK
Recuerda: si Laura Palmer podía ir al instituto, trabajar en unos grandes almacenes, repartir comida a domicilio, impartir clases particulares, trabajar por las noches en un burdel, mantener una intensa vida social, escribir un diario secreto, consumir cantidades de cocaína nivel Rick Sánchez y resistir el acoso de una entidad sobrenatural, tú puedes superar el día de hoy.
Meme ligeramente ampliado para reflejar la capacidad organizativa de Laura Palmer
He ampliado algo este antiguo meme porque toda mi generación supo, desde hace años, que Laura estaba muerta. Y Laura era muy importante para nosotros. De hecho, es el gran nombre español que se puso de moda entre la transición y el final de siglo. Sonaba moderno pero no era excéntrico. Era razonablemente conservador, pero no apelaba a lo religioso. Era cosmopolita y Frank Sinatra lo cantaba, se entendía igual en Nueva York y en Pontevedra. Pero hoy la situación ha cambiado de forma radical. Voy a intentar explicaros por qué este nombre está en peligro de desaparecer, a pesar de que fue el gran nombre de los años ochenta y uno de los más populares en los noventa.
El nombre viene del latín laurus, que significa Laurel. El mismo árbol que estaba consagrado a Apolo y simbolizaba la victoria, la gloria y el triunfo. Lo peta fuerte en el siglo XIV cuando Petrarca la convierte en la protagonista de su Canzoniere. Es una mujer idealizada e inalcanzable.
Unas décadas antes, Dante había idealizado a su Beatrice, pero Laura era distinta. Beatrice, en cierta forma, eleva a Dante hasta Dios; Laura mantiene a Petrarca dividido entre el mundo y Dios. Le da cosita que su amor le aparte del amor a Dios. Lamenta el tiempo perdido en un amor salvaje y vano. En una obsesión.
Padre del ciel, dopo i perduti giorni,
dopo le notti vaneggiando spese,
con quel fero desio ch’al cor s’accese,
mirando gli atti per mio mal sì adorni…
De pequeño me flipaba el ‘Tell Laura I love her’, popularizada por Ray Peterson, sobre un muchacho que quiere ganar dinero para pagar un anillo de boda para la chati y se la pega en una carrera.
It was just for Laura he lived and died
Alone in the chapel she can hear him cry
Tell Laura I love her
Tell Laura I need her
Tell Laura not to cry
My love for her will never die
Laura es aquí una chica por la que vale la pena morir. Es el rostro de las luces en la niebla, como le cantaba Sinatra y como sonaba en el temazo de Raksin y Mercer para la película homónima. La Laura Hunt de Preminger es también, seguro que no por casualidad, una muerta objeto de una obsesión, como la de Lynch. Claro, en comparación con el calibre de lo que he mencionado hasta ahora, la Laura se fue de NEK pega reguleramente, pero en realidad habla de lo mismo. Una obsesión perdida. That was Laura but she’s only a dream
Años después, el Zeitgeist se burlaría del destino y nos regaló una de las canalladas publicitarias más divertidas de la historia. El ‘Amo a Laura’ del grupo inventado ‘Los Happiness’, creada por la ficticia Asociación Nuevo Renacer por una Juventud sin Mácula (precursora de los tristemente reales Abogados Cristianos) y concebida por Tiempo BBDO. Un canto a la virginidad protagonizado por tres jóvenes desconocidos y una futura presentadora de Supervivientes. Uno de los primeros hits virales de cuando apenas estábamos empezando a viralizar cosas, una canción para promocionar con cachondeíto la MTV y creada por un Guille Milkyway ya en la cumbre de sus capacidades.
No sé si tuvo algo que ver esta campaña, que este año ha cumplido los 20 años, pero lo cierto es que desde el principio del siglo comenzó a ser cada vez menos frecuente llamar Laura a tu hija. Y, curiosamente, va a serlo aún menos con los años. ¿Por qué lo digo?
Por algo que me ha enseñado mi hija. ¿Sabéis que los jóvenes hablan siempre del aura y del tener aura? Pues bien, últimamente para hablar de lo contrario de tener “aura” hablan de “tener Laura”. O de “cuánto Laura”.Es sorprendente, si pensamos en Petrarca rimando con l’aura.
Durante algunos días pensé que era cosa de mis hijos y de su instituto, algo difícil de considerar como lo bastante válido como para generalizar. Pero, intentando comprobarlo, descubrí en el Glosario Adolescente Digital de Unicef Argentina que, efectivamente, le dan el uso correcto. Algo que da yuyu, algo sin carisma, contar un chiste y que nadie se ría.
Para nuestros jóvenes, Laura es lo contrario de algo que mola. En realidad, si lo pensamos bien, Laura son sus madres. No son entes vagos y obsesivos que enloquecen a un detective o a un agente del FBI obsesionado con el pastel de cereza del R.R. Diner y con mandar cassettes a Diane. Laura es quien les quita el móvil para que estudien.
¿Sobrevivirá este nombre a ser sinónimo de lo peor? Mi amiga Laura Gonzalvo acaba de ser nombrada mejor dircom por Forbes y otra Laura, Laura Bárcenas, está en la misma lista en representación de Samsung, la marca que hace los únicos teléfonos por los que he pagado dinero en mi vida. Laura Linney siempre me ha flipado, aunque vistas sus experiencias en El Show de Truman y en Love Actually, casi mejor la dejamos descansar para este listado. Pero Laura Dern es un must.
Laura Gallego hizo que mi hija leyese de pequeña. Laura Prepon me encantó en los 70 y vestida de naranja. Laura San Giacomo fue la mejor Nadine de cualquier Apocalipsis y Laura Pausini mola más ahora que cuando la conocí.
Entre estas Lauras y las que os gusten a vosotros, remontarán el nombre e inspirarán a madres futuras. Quizá las jóvenes que hoy tengan la edad de mi hija no quieran saber nada de Laura a medida que crecen y se olvidan de Draculaura. Pero sus hijas mirarán al pasado y pensarán en Gene Tierney atusándose en una fiesta.
Y como sus madres se llamarán ‘Martina’, ‘Lucía’ y ‘Sofía’, no tendrán problema ninguno en llamar a sus hijas ‘Laura’. Y una nueva generación de hombres y mujeres volverá a obsesionarse con esa mujer que es el rostro en la niebla, lo último que piensas antes de que tu coche vuelque mientras intentas ganar mil piojosos dólares para comprarle un anillo de compromiso.
That was Laura, but she’s only a dream
Raskin & Mercer
P.S. Nunca he estado con ninguna Laura ni he aspirado a estar con ninguna. Ni cuando me gustaban todas en lugar de sólo una. Y vista la incidencia del nombre en los ochenta y en los noventa, ya es casualidad.




